Quiero hacer yoga. ¿Pero cuál?
¿Hatha, vinyasa, ashtanga o yoga funcional? Conoce las diferencias entre estilos, qué esperar de tu primera clase y cómo elegir un profesor.

Cuando por fin decidí empezar a hacer yoga, abrí internet y casi me sangran los ojos. Hatha, ashtanga, vinyasa, kundalini y otra colección de nombres que parecían sacados de un abracadabra. La mitad en sánscrito, la otra en inglés, y lo que realmente hay detrás de cada uno, todo un misterio.
Me sentí como si hubiera entrado en una tienda de «todo a dólar». Miles de letreros de colores, cosas por todas partes, todo compitiendo por llamar tu atención y venderte algo. ¡Y yo que solo quería hacer yoga! Resulta que hay decenas de estilos, escuelas y métodos, todos anunciando sus maravillosas ventajas. Un poco más y se me van las ganas de empezar. «A la mierda, mejor me voy al gimnasio».
Pero en realidad no es tan complicado. Lo que pasa es que detrás de la palabra «yoga» hay mucho más de lo que solemos imaginar.
El yoga no es un solo sistema
Para empezar, hay que entender algo: el yoga es un término que engloba muchas cosas distintas. Algo parecido a la palabra «deporte», que incluye boxeo, ajedrez, gimnasia rítmica y curling. Actividades completamente diferentes, con objetivos distintos, pero a todas las llamamos deporte.
Con el yoga pasa algo parecido, solo que el asunto es todavía más enredado. Bajo el mismo nombre encontramos escuelas filosóficas, tradiciones religiosas, métodos de meditación, ejercicios de respiración y sistemas de entrenamiento físico. Algunos incluso se contradicen, no solo en sus métodos, sino también en lo que consideran el propósito de hacer yoga.
Por eso, dos estudios que ofrecen clases de yoga no necesariamente ofrecen algo parecido. En uno te espera un entrenamiento intenso; en otro, meditación y conversaciones filosóficas; y en un tercero pueden mezclarlo todo en proporciones bastante inesperadas.
Si no tienes la menor idea de por dónde empezar, yo recomendaría probar una clase de hatha yoga para principiantes. Generalmente son clases de ritmo moderado, donde puedes conocer las posturas básicas, los ejercicios de respiración y hacerte una idea de cómo es el yoga en la práctica.
Pero tampoco significa que tengas que empezar obligatoriamente por el hatha. Quizás te guste mucho más algo dinámico, más exigente físicamente o, por el contrario, más relajado. Así que vamos a ver qué más encontramos en esta feria del yoga.
Bienvenidos a la feria del yoga
Hatha yoga. Generalmente son clases de ritmo moderado, con posturas, ejercicios de respiración y relajación. Pero el nombre es bastante amplio. Con un profesor puedes pasar la clase trabajando tranquilamente cada postura; con otro, terminar sudando tanto que bajar las escaleras después se convierte en una asana más.
Vinyasa. Yoga en movimiento. Las posturas se enlazan en secuencias y las transiciones se coordinan con la respiración. Menos pausas, más movimiento. A diferencia del ashtanga, no hay una secuencia fija obligatoria: cada profesor organiza su clase. A veces tienes que pensar más en dónde poner la siguiente pierna que en el ejercicio que estás haciendo.
Ashtanga. Secuencias fijas de posturas, repetición, disciplina y una carga física bastante exigente. Día tras día vuelves a los mismos ejercicios para ir perfeccionándolos. La repetición es la madre de la iluminación.
Yoga Iyengar. Mucha atención a la posición del cuerpo. Cinturones, bloques, sillas y una buena cantidad de instrucciones técnicas. Aquí pueden dedicar media clase a la posición de tus pies. Y si haces mal una postura, el profesor se acerca con el cinturón.
Yin yoga. Posturas que se mantienen durante varios minutos, principalmente sentado o acostado. Poco movimiento y mucho tiempo en cada posición. Tortugas, pero no ninjas. Nos quedamos ahí, esperando la iluminación.
Power Yoga. Yoga dinámico con énfasis en la fuerza. Planchas, equilibrios, transiciones y trabajo de resistencia muscular. Comparado con muchas clases de vinyasa, suele dar más protagonismo a la intensidad y al esfuerzo físico. A veces se parece más a una clase de fitness que a lo que uno suele imaginar cuando escucha la palabra yoga.
Bikram y Hot Yoga. Yoga en una sala con temperatura elevada. El bikram sigue una secuencia fija; en otras clases de hot yoga los ejercicios pueden variar. Vas a sudar bastante, pero sudar más no significa entrenar mejor. Sauna espiritual.
Kundalini yoga. Movimientos, ejercicios de respiración, mantras, meditación y un componente espiritual y religioso bastante marcado. Puedes ir por una clase de yoga y terminar descubriendo que llevabas el centro del universo dentro de ti.
Restorative Yoga. Relajación en posturas cómodas, utilizando almohadas, cojines, soportes y otros accesorios. Hay poco esfuerzo físico y el objetivo principal es descansar. A diferencia del yin yoga, aquí se busca reducir al mínimo el esfuerzo, no trabajar el estiramiento.
Yoga aéreo y acroyoga. El primero utiliza telas o hamacas suspendidas; el segundo incluye equilibrios en pareja y elementos acrobáticos. Aquí el yoga se cruza claramente con la gimnasia y la acrobacia.
Yoga funcional. No es una escuela única ni un método con reglas fijas. Diferentes profesores utilizan este nombre para sus propias formas de enseñar, así que las clases pueden ser bastante distintas.
Mi enfoque parte de una idea sencilla: el entrenamiento físico debería servirte también fuera del mat, en la vida cotidiana. Trabajamos capacidades y habilidades que puedas utilizar en situaciones reales: levantar objetos pesados, mantener el equilibrio, levantarte del suelo, moverte con libertad y tener un mayor control de tu cuerpo.
Para eso utilizo tanto posturas tradicionales de yoga como ejercicios de otros sistemas de entrenamiento físico, basándome en conocimientos actuales de fisiología y biomecánica. Lo importante no es a qué tradición pertenece un ejercicio, sino para qué sirve y qué utilidad tiene.
Las clases pueden estar dirigidas a distintos niveles. Por ejemplo, en mis clases generales entrenan juntos principiantes y alumnos con experiencia. Todos seguimos el mismo programa y ritmo, pero cada uno trabaja con variantes y cargas adaptadas a sus capacidades. También hay clases específicas para principiantes.
Explico mi método con más detalle en el artículo «¿Para qué sirve el Yoga Funcional?».
¿Cómo elegir tu yoga sin meter la pata?
Mi principal consejo es que no elijas un estilo de yoga por su nombre, por unas fotos bonitas o por las reseñas entusiastas que encuentres en internet. Y mucho menos te apresures a pagar tres meses de clases después de tu primera visita. Lo que ves en internet suele ser el resultado de años de trabajo y de unos cuantos retocadores, diseñadores y expertos en marketing.
Mejor haz una pequeña gira por los estudios de yoga. Busca clases de prueba gratuitas, conoce a diferentes profesores y prueba varios estilos. En un lugar te gustará el entrenamiento, en otro las explicaciones, en otro el ambiente. Y habrá alguno donde, a los quince minutos, ya tengas claro que no piensas volver.
Dos profesores de hatha yoga pueden dar clases tan diferentes que lo único que tengan en común sea el nombre. Así que no juzgues todo un estilo por una sola clase.
Y tampoco te olvides de las cosas más mundanas. Puede que el profesor sea maravilloso, pero tengas que pasar hora y media en el tranque para llegar al estudio. O que las clases terminen tan tarde que vuelvas a casa odiando a todo ser viviente. El horario, el trayecto y el precio importan tanto como lo que se hace en clase.
Así que compara, prueba y saca tus propias conclusiones. Al final, no necesitas al mejor profesor de yoga del planeta, sino a uno con el que realmente tengas ganas de seguir practicando.
¿Entrenador o maestro? No es lo mismo
Hay otra cosa que recomiendo aclarar antes de apuntarte a una clase: ¿quieres entrenar físicamente o buscas a alguien que te enseñe cómo vivir? Porque en algunos estudios de yoga, junto con los ejercicios, también pueden ofrecerte toda una filosofía que nadie les pidió.
Para mí son dos papeles distintos. Un entrenador trabaja con tus capacidades físicas: explica los ejercicios, adapta la carga, corrige errores y te ayuda a desarrollar nuevas habilidades de movimiento. Tiene en cuenta lo que puedes hacer ahora y cómo ayudarte a progresar.
Un maestro, en un sentido más amplio, transmite una filosofía, una manera de ver la vida. Puede cuestionar tus creencias y hacerte preguntas incómodas. Su trabajo no consiste necesariamente en hacerte sentir cómodo. A veces, todo lo contrario.
En el yoga estos dos papeles suelen mezclarse. Llegas para mejorar tu flexibilidad y de paso te explican cómo funciona el universo, qué pasa con tu karma y por qué debes obedecer a algún iluminado cuyo retrato cuelga sobre la entrada.
Y aquí conviene prestar atención. Detrás de algunos estudios de yoga puede haber organizaciones religiosas o grupos destructivos que exigen lealtad al líder, dinero y obediencia a su autoridad. Especialmente si no te permiten cuestionar al maestro, te presionan para que pagues o empiezan a meterse en tu vida personal.
El problema no es estudiar filosofía o religión, sino la manipulación y los intentos de controlar a las personas. Si algo te huele mal, probablemente algo anda mal.
Por eso conviene averiguar de antemano qué te van a enseñar exactamente. Si llegaste para hacer posturas de yoga, no tienes por qué aceptar la filosofía de nadie ni convertirte en seguidor de ninguna tradición.
¿Se puede hacer yoga online?
Claro que sí. Internet está lleno de clases de yoga para todos los gustos: videos gratuitos, transmisiones en vivo, clases grupales y sesiones individuales. Puedes entrenar desde casa, a la hora que te convenga, sin tener que desplazarte ni pagar una membresía en un estudio.
Para empezar, lo mejor es buscar clases para principiantes, con explicaciones claras, una intensidad moderada y diferentes opciones para adaptar los ejercicios.
Pero hay un detalle. Si sigues una clase grabada, el profesor, bueno, digamos que no te está viendo. No puede evaluar cómo te mueves, ajustar la carga ni responder tus preguntas mientras haces los ejercicios. En las clases en vivo la cosa mejora: al menos existe la posibilidad de recibir correcciones y hacer preguntas.
Y aquí va otro consejo. Cuando elijas un profesor online, piensa si algún día podrás trabajar directamente con él. ¿Ofrece clases individuales, sesiones en vivo con correcciones o talleres?
Porque puedes pasar años siguiendo los videos de un profesor maravilloso, acostumbrarte a su método, considerarlo casi tu maestro y descubrir después que vive al otro lado del planeta, no da clases privadas y que la única manera de hablar con él es pagar un retiro de varios miles de dólares.
Claro, si los videos grabados te bastan, no hay ningún problema. Pero si quieres seguir aprendiendo, vale la pena pensar desde el principio qué tan accesible es ese profesor.
La primera clase. ¿Qué te espera?
Para empezar, una buena noticia: no necesitas ser flexible, fuerte ni saber ponerte las piernas detrás de la cabeza para apuntarte a yoga. Precisamente vas a aprender cosas que todavía no sabes hacer. Si ya te saliera todo, ¿para qué necesitarías un profesor?
Normalmente basta con llevar ropa cómoda que te permita moverte y agua. Muchos estudios prestan los mats, pero mejor preguntar antes. También conviene llegar un poco más temprano para conocer al profesor y, si hace falta, contarle sobre lesiones o problemas de salud que puedan afectar la clase.
La clase puede empezar con un calentamiento o ejercicios de respiración, seguir con las posturas y terminar con relajación. Pero no hay una fórmula única. En algunos lugares te moverás mucho, en otros pasarás bastante tiempo manteniendo posturas y en otros estarás acostado casi toda la clase.
No intentes hacerlo todo perfecto desde el primer día. Si un ejercicio no te sale, pide una variante más sencilla. Si no entiendes una explicación, pregunta. Si estás cansado, descansa. Y si un movimiento te provoca dolor, no tienes por qué aguantarlo para conseguir algún logro imaginario y alimentar tu ego.
Y ojo, que algo no te duela tampoco significa que cualquier ejercicio sea adecuado para ti. No tienes ninguna obligación de aprender a pararte de cabeza, hacer extensiones profundas de espalda u otras posturas difíciles en tus primeras clases. Los ejercicios deberían adaptarse a tu nivel, no a las ambiciones del profesor.
Tampoco te compares con los demás. Puede que la persona del mat de al lado lleve diez años haciendo yoga o que simplemente tenga más movilidad por naturaleza. Ninguna de las dos cosas tiene que ver con el motivo por el que tú estás ahí.
Tu primera clase tampoco tiene que ser una experiencia extraordinaria. Puede que te cueste, que todo te resulte extraño y que incluso te sientas un poco torpe. Lo importante es saber si te gusta lo que estás haciendo y si te dan ganas de volver.
Sobre por qué algunos ejercicios pueden resultar difíciles incluso para personas con experiencia, escribí en «¿Por qué Yoga Funcional parece difícil?».
¿Cómo seguir practicando y qué resultados esperar?
¿Por la mañana o por la tarde? ¿Todos los días o un par de veces por semana? ¿Y qué pasa si hoy puedes por la mañana, mañana por la tarde y la próxima vez a mediodía?
No existe una hora ideal para hacer yoga que funcione para todo el mundo. Lo que importa mucho más es la constancia. Para empezar, puedes probar con dos o tres clases por semana, teniendo en cuenta la intensidad, tu condición física y el tiempo que necesitas para recuperarte.
Tener un horario fijo ayuda a crear el hábito: es más fácil entrenar cuando ya tienes ese espacio reservado. Pero si tus horarios cambian constantemente, tampoco pasa nada. Hoy por la mañana, la próxima vez por la tarde. Lo importante es que las clases no desaparezcan de tu vida por tiempo indefinido.
¿Y los resultados? Depende de lo que consideres un resultado. Tal vez después de unas semanas te resulte más fácil hacer ejercicios que antes te costaban, mejores el equilibrio, puedas moverte con mayor amplitud o notes que el esfuerzo de siempre ya no te parece tan terrible.
Pero no todas las clases desarrollan las mismas capacidades. No esperes ganar mucha fuerza haciendo yin yoga, ni creas que una clase de yoga intenso va a desarrollar por sí sola todas tus capacidades físicas. Tiene más sentido evaluar los resultados según lo que realmente haces en clase.
Y tampoco esperes que en un mes puedas hacer un split, te desaparezcan todos los dolores y alcances una paz interior que hasta Buda te envidiaría. El yoga no es una cura para todo, y los resultados dependen del tipo de entrenamiento, la intensidad y tu condición física inicial. Para tratar enfermedades, mejor ir al médico. O, por lo menos, preguntarle si el yoga al que te apuntaste podría perjudicarte.
Y aquí va mi consejo principal: adapta el yoga a tu vida, no toda tu vida al horario del estudio. Viniste a hacer algo por ti, no a conseguir un segundo trabajo con tu profesor.
Entonces, ¿qué yoga elegir?
Ahora ya tienes una idea de lo que hay detrás de tantos nombres. Pero para saber qué tipo de yoga te conviene, tendrás que probarlo por tu cuenta.
No hace falta buscar la escuela más antigua, al maestro más iluminado ni a alguien capaz de hacerse un nudo marinero con sus propias piernas. Prueba diferentes estilos, conoce a distintos profesores y encuentra clases que se adapten a tus capacidades y a lo que te interesa.
El yoga debe adaptarse a la persona, no la persona al yoga.
Y si después de tanta búsqueda decides irte al gimnasio, tampoco es mala opción. Lo importante es que empieces a moverte.
¿Quieres probar Yoga Funcional?
Doy clases de Yoga Funcional en Panamá. Puedes venir a las clases grupales en Antakarana, en Clayton, o reservar una sesión individual, ya sea en el estudio o en tu casa.
Clases grupales: martes y jueves a las 6:15 p. m., sábados a las 10:00 a. m.
Entrenamientos individuales: con cita previa.
Reservar una clase o hacer una consulta por WhatsApp.
Preguntas frecuentes
¿Qué tipo de yoga es mejor para empezar?
Una clase de hatha yoga para principiantes puede ser un buen punto de partida. Generalmente permite conocer las posturas básicas a un ritmo moderado. Pero no es obligatorio empezar por ahí: otros estilos también ofrecen clases para personas sin experiencia.
¿Puedo hacer yoga si no soy flexible?
Claro. No necesitas ser flexible para empezar. Lo importante es encontrar una clase adecuada a tu nivel y un profesor que sepa adaptar los ejercicios a tus capacidades.
¿Cuál es la diferencia entre hatha yoga y vinyasa?
En las clases de hatha yoga suele haber más tiempo para trabajar cada postura por separado. En vinyasa, las posturas se enlazan en secuencias dinámicas coordinadas con la respiración. De todos modos, depende bastante del profesor.
¿Puedo empezar directamente con Yoga Funcional?
Sí. En mis clases generales entrenan juntos principiantes y personas con experiencia. Todos seguimos el mismo programa y ritmo, pero cada uno utiliza variantes y cargas adaptadas a sus capacidades. También hay clases específicas para principiantes.
Fuentes
- Mandlik et al. (2023). Not All Yoga Styles Are the Same: An International Survey on Characteristics of Yoga Classes. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37042664/
- National Center for Complementary and Integrative Health (NCCIH). Yoga: Effectiveness and Safety. https://www.nccih.nih.gov/health/yoga-effectiveness-and-safety