Yoga Funcional
¿Por qué el Yoga Funcional puede parecer difícil al principio?
El Yoga Funcional puede parecer difícil al principio, pero eso no significa que no sea para ti. Aprende a adaptar la práctica a tus capacidades y a encontrar tus límites sin competir ni forzar el cuerpo.

A veces, después de una primera clase, alguien me dice:
«Me gustó, pero fue demasiado difícil para mí».
Lo escucho con bastante frecuencia, especialmente de personas que llevan mucho tiempo sin entrenar o que simplemente esperaban algo diferente del yoga.
Y es comprensible.
Durante los últimos años se ha construido una imagen bastante particular del yoga: estiramientos, música tranquila, respirar un poco, relajarse y, con suerte, salir de la clase flotando.
Por eso, cuando alguien llega a una clase de Yoga Funcional y descubre que tiene que sostener su propio peso, trabajar el equilibrio, coordinar movimientos, controlar la respiración y además prestar atención a lo que está pasando en su cuerpo, la primera reacción puede ser:
«Esto es demasiado para mí».
Pero hay una diferencia importante:
Que algo te cueste no significa necesariamente que sea demasiado difícil para ti.
¿Por qué el Yoga Funcional puede sentirse difícil al principio?
Imagina que una persona que nunca ha bailado va por primera vez a una clase de hip-hop.
No consigue coordinar los movimientos, confunde los pasos, se cansa rápido y apenas puede seguir al profesor.
A nadie le parecería extraño.
Lo mismo puede ocurrir si empiezas a entrenar fuerza, boxeo, natación o prácticamente cualquier otra actividad física.
Incluso cuando el entrenamiento está adaptado a tu nivel, tu cuerpo tiene que enfrentarse a cosas que todavía no sabe hacer bien.
¿Por qué esperamos algo diferente del yoga?
Si queremos desarrollar fuerza, movilidad, equilibrio, coordinación o control corporal, en algún momento tendremos que enfrentarnos a tareas que todavía no hacemos con facilidad.
Precisamente por eso entrenamos.
Si todo lo que hacemos durante una práctica ya nos resulta fácil, vale la pena hacerse una pregunta:
¿Qué estamos entrenando realmente?
Que te cueste no significa que tengas que aguantar
Aquí está probablemente la parte más importante.
Yoga Funcional no consiste en aprender a soportar más.
No atravesamos el dolor.
No competimos con la persona que está en el mat de al lado.
Y tampoco competimos con nosotros mismos.
No existe la obligación de hacer hoy más de lo que hiciste ayer.
En prácticamente todas mis clases repito lo mismo:
Trabajamos con el cuerpo que tenemos hoy.
Si aparece dolor, reducimos.
Si el malestar se vuelve demasiado intenso, reducimos.
Si hoy el cuerpo nos permite avanzar un poco más, avanzamos.
Y si hoy podemos hacer menos que la semana pasada, hacemos menos.
El objetivo no es obligar al cuerpo a alcanzar una forma determinada.
El objetivo es aprender poco a poco a reconocer hasta dónde podemos llegar hoy.
No necesitamos superar nuestros límites. Necesitamos aprender a encontrarlos
Y eso también es una habilidad.
¿Hasta dónde puedo llegar hoy?
¿Qué amplitud puedo controlar?
¿Cuánto esfuerzo puedo mantener?
¿Puedo seguir respirando con normalidad?
¿Qué ocurre con mi atención mientras hago todo esto?
¿En qué momento una sensación intensa deja de ser simplemente parte del esfuerzo y me indica que debería reducir?
Sobre el papel parece bastante sencillo.
En la práctica, no siempre lo es.
Muchas personas han aprendido básicamente dos formas de relacionarse con el esfuerzo: evitarlo o aguantarlo.
Pero entre esas dos opciones existe un espacio enorme en el que podemos regular lo que estamos haciendo.
Y eso también se entrena.
Nadie tiene por qué saber hacerlo perfectamente durante su primera clase.
¿Cómo se adapta Yoga Funcional a diferentes niveles?
Por eso mis clases tienen diferentes niveles dentro de una misma práctica.
Puedo proponer una misma tarea y una persona realizarla en una forma relativamente sencilla, mientras otra aumenta la amplitud, añade un componente de fuerza o equilibrio, o utiliza una variante más compleja.
Otra persona puede necesitar un apoyo.
Podemos reducir la amplitud.
Acortar el tiempo de permanencia.
Cambiar la posición de las manos o de los pies.
Elegir una variante más estable.
O simplemente parar antes.
No son versiones «buenas» y «malas» de una postura.
Son diferentes maneras de trabajar con una misma tarea.
LA PRÁCTICA SE ADAPTA A TUS CAPACIDADES DE HOY. Y TUS CAPACIDADES DE HOY CAMBIAN CON LA PRÁCTICA.
¿Qué pasa si nunca has entrenado antes?
Esto no es solamente una idea teórica.
Lo veo constantemente en mis clases.
Llegan personas que prácticamente nunca han entrenado. También llegan personas con capacidades físicas y limitaciones muy diferentes.
Al principio, tareas relativamente sencillas pueden resultarles difíciles.
Pero continúan practicando.
Y algún tiempo después hacen cosas que durante sus primeras clases parecían extremadamente complicadas.
No necesariamente porque tengan más fuerza de voluntad.
Ni porque hayan aprendido a soportar más.
Su cuerpo se ha ido adaptando y, al mismo tiempo, ellos han aprendido a controlarlo mejor, reconocer sus señales y regular su propia práctica.
Por eso una primera clase dice bastante poco sobre lo que tu cuerpo puede llegar a hacer.
Sobre todo te muestra dónde estás hoy.
Llevar años haciendo yoga no significa haber entrenado todas las capacidades físicas
También veo la situación contraria.
A veces llegan personas que llevan varios años practicando yoga.
Sobre el papel, no son principiantes.
Sin embargo, cuando aparece una tarea relativamente básica de fuerza o control corporal, descubrimos que puede resultarles difícil mantener una plancha o controlar una transición hacia Chaturanga.
Eso no significa que hayan estado practicando «mal».
Significa algo mucho más sencillo:
El número de años que llevas haciendo yoga no nos dice necesariamente qué capacidades has entrenado durante esos años.
Si una práctica se ha concentrado principalmente en estiramientos, relajación o determinadas secuencias conocidas, probablemente hayas desarrollado precisamente esas capacidades.
Pero años de práctica no garantizan automáticamente fuerza, equilibrio, coordinación o control en movimientos que prácticamente nunca has entrenado.
Por eso, que una práctica resulte fácil tampoco demuestra demasiado.
Puedes pasar años haciendo aquello que ya haces bien.
Puede ser agradable. Puede incluso ser exactamente lo que necesitas si ese es tu objetivo.
Pero si queremos desarrollar una capacidad determinada, en algún momento tenemos que darle al cuerpo una razón para adaptarse.
¿Intentamos hacer las posturas lo más difíciles posible?
No.
La dificultad por sí misma no es un objetivo.
No intento tomar una postura sencilla y buscar la manera de convertirla en algo innecesariamente complicado.
Pero cuando una persona ya tiene suficiente fuerza, movilidad y control, tampoco tiene mucho sentido mantenerla indefinidamente en una variante que dejó de representar una tarea para ella.
Entonces podemos hacer esa misma posición más compleja.
Podemos aumentar la amplitud.
Añadir un componente de fuerza.
Introducir equilibrio.
Aumentar la demanda de coordinación.
Y al mismo tiempo mantener la respiración bajo control y la atención sobre lo que está ocurriendo.
De esta manera, durante un periodo relativamente corto, una sola posición puede convertirse en una tarea mucho más completa para el cuerpo, la respiración y la atención.
Pero eso tiene sentido solamente cuando la persona está preparada para hacerlo.
Para alguien que está empezando, esa misma complejidad puede ser completamente innecesaria.
NO HACEMOS UNA POSTURA MÁS DIFÍCIL PORQUE MÁS DIFÍCIL SIGNIFIQUE MEJOR. LA HACEMOS MÁS COMPLEJA CUANDO ESA COMPLEJIDAD CUMPLE UNA FUNCIÓN CONCRETA.
Entonces, ¿una clase debe ser fácil o difícil?
Ninguna de las dos cosas.
Para una persona, una determinada variante puede resultar demasiado sencilla.
Para otra puede ser adecuada.
Y para una tercera puede ser excesiva.
Y estamos hablando exactamente de la misma postura.
Por eso la pregunta realmente importante no es si una práctica es fácil o difícil.
La pregunta es:
¿Para qué estamos haciendo esto?
¿Qué capacidad queremos desarrollar?
¿La tarea corresponde a las capacidades actuales de esta persona?
¿Puede mantener cierto control mientras la realiza?
¿Y cómo podemos modificarla si no es así?
Por eso uno de los principios fundamentales de mi forma de trabajar es:
VAMOS DEL CUERPO HACIA LA POSTURA, NO DE LA POSTURA HACIA EL CUERPO.
No necesitamos obligar a veinte cuerpos diferentes a reproducir exactamente la misma forma.
Necesitamos encontrar una forma que tenga sentido para el cuerpo que tenemos delante.
¿Necesitas estar en forma para empezar Yoga Funcional?
No.
Una de las respuestas que escucho después de una primera clase es:
«Primero tengo que prepararme un poco y después vuelvo».
Pero prepararse para entrenar sin entrenar resulta bastante complicado.
No necesitas desarrollar fuerza antes de empezar a entrenar fuerza.
No necesitas mejorar tu equilibrio antes de empezar a entrenar equilibrio.
No necesitas ser flexible antes de empezar a trabajar tu movilidad.
Y tampoco necesitas saber interpretar perfectamente las señales de tu cuerpo antes de empezar a aprender a hacerlo.
Para eso practicamos.
Quizás tu primera clase sea extraña.
Quizás algunas cosas resulten bastante más difíciles de lo que esperabas.
Eso no significa necesariamente que Yoga Funcional no sea para ti.
Quizás simplemente acabas de descubrir algo que tu cuerpo todavía tiene que aprender.
Y ahí empieza el entrenamiento.
Conoce las clases de Yoga Funcional y encuentra una opción adecuada para empezar.